Tras la etiqueta “coaching” se esconde a menudo (no siempre) la estafa y el intrusismo profesional, pues en España este tema no está adecuadamente regulado. Para que una persona pudiera ejercer como coach debería tener una formación sólida, con años de bagaje, preparación y experiencia. No se puede ser coach con un cursillo de unos cuantos fines de semana, por mucho dinero que se haya pagado por él. Desde mi punto de vista, lo ideal sería que un coach contase con la carrera de Psicología. Formar a un buen psicólogo-coach es un duro esfuerzo que debe atesorar lustros de formación y experiencia.
El problema es que muchos coaches (no todos) son sólo oportunistas sin apenas estudios, charlatanes que promulgan una filosofía barata, sin contenidos, sin apoyo empírico. Temerarios que empujan a las personas al narcisismo, a la prepotencia, al egocentrismo y a tomar decisiones arriesgadas a base de inyectar esperanzas y fantasías sobre su realidad, inventando un mundo artificial e irreal. Y tras sus “técnicas de choque”, cuando se termina la fantasía, las personas se encuentran perdidas y pueden entrar en crisis con consecuencias imprevisibles: divorcios, separaciones de familiares, distanciamiento de amistades e incluso, en casos extremos, psicopatologías, depresión e incluso intentos de autolisis.
Si usted necesita algún consejo para mejorar su vida, busque los servicios de un psicólogo certificado y acreditado de forma oficial, pues todo buen psicólogo es también coach. En cambio, acudir a un profesional no contrastado podría suponer un gasto superfluo de tiempo y dinero. Téngalo claro: si por desgracia usted pierde su empleo la solución no es pensar que "es lo mejor que me ha pasado en mi vida". Si le llega una letra impagada el problema no se resolverá pensando que se trata de un cheque a su favor. La realidad es la que es y no se puede manejar con el simple “pensamiento positivo", sino afrontándola con estrategias reales y efectivas.
¿Cuál es la diferencia entre Coaching y Psicología? (Antonio, Córdoba)
En la actualidad el coaching se ha puesto de moda y la frase “pon un coach en tu vida” cuenta cada vez con más partidarios que defienden esta doctrina como la panacea snob y desenfadada que solucionará los problemas de la gente. Realmente, el coaching como tal es un simple diálogo en el que un supuesto profesional trata de motivar a un cliente para que haga lo que se supone que él desea hacer, algo que "per sé" ya está incluido entre las muchas funciones que a diario lleva a cabo cualquier Psicólogo.
Pero aquí la clave es marketiniana, por cuanto cualquier persona puede practicar pseudopsicología del coaching y autodenominarse psicoterapeuta, sin necesidad de ser psicólogo y sin la preparación y permisos legales necesarios para ello. Es como aplicar la medicina sin estudiar la carrera, y encima decir que ello es mejor que lo que hace cualquier médico oficial. Un chollo para el que no sabe a qué dedicarse en la actual situación de crisis económica. De este modo, la popularidad del término coaching se une a su falta de regulación legal. Así, si a Pepe, el dueño de la zapatería de la esquina le va mal su negocio, no tiene que hacer nada para ser coach, simplemente autocatalogarse de que lo es, o hacer un cursillo no reglado de unos cuantos fines de semana y comenzar a facturar a costa de la ignorancia y la desesperación de la gente.
Al comienzo de esta moda, y dado que el coaching estaba únicamente enfocado a las empresas y al deporte, parecía coherente que un "coach" procediese de estudios tales como Psicología, Empresariales, Derecho, o similares. Hoy en día da igual; hay coaches que ni siquiera han terminado el bachiller y que logran facturar un buen dinero gracias al vacío legal existente, algunos incluso aplicando subnormalidades y doctrinas tan degeneradas y tan exageradamente pervertidas, que no hay nada de Psicología en lo que hacen.
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jueves, 17 de enero de 2019
miércoles, 17 de enero de 2018
ENTREVISTA A FRANCISCO ARENAS - PSICÓLOGO
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miércoles, 20 de septiembre de 2017
EL PSICÓLOGO ANTE EL INTRUSISMO Y LA ESTAFA
Me han hablado de la existencia de muchas terapias alternativas que podrían funcionar para la solución de problemas psicológicos. ¿Qué hay de verdad en todo esto? (Andrés, Córdoba)
A veces he comentado que en la actualidad existe un amplio abanico de terapias alternativas que en ocasiones de manera inapropiada se etiquetan como psicoterapias pero que en realidad son sólo pseudoterapias. En general (no siempre) se trata de métodos que carecen de rigor y fundamento empírico, que a menudo representan un riesgo para las personas que se ponen en manos de aquellos que las practican, puesto que muchos de los pseudoterapeutas que usan métodos no científicos son como mucho simples ingenuos que aplican a ciegas los procedimientos que otros les dictaron. Pero realmente la fundamentación de sus terapias no es otra que la invención de marcos conceptuales y paradigmas ficticios cuando no esperpénticos. Otras veces son simples y llanos estafadores sin escrúpulos que no poseen conocimiento alguno sobre ciencia, medicina o psicología. Y otros muchos, si acaso han leído algún libro al respecto y pretenden con una formación escasa y poco rigurosa ganarse la vida llevando a cabo prácticas del todo inmorales e ineficaces, y en ocasiones antiterapéuticas.
Algunos clientes, con suerte, pueden abandonar la terapia sin haber tenido ninguna mejoría. Pero lo malo es que en muchas ocasiones pueden experimentar un empeoramiento de sus síntomas por una mala praxis de quien el cliente presupone que es un profesional. Así, a menudo encuentro en consulta pacientes a los que este tipo de sujetos agravaron los síntomas que presentaban. Otras veces recomendaron al paciente que hicieran lo mismo que ellos hicieron cuando supuestamente padecieron un problema parecido. A veces incluso aplicaron la inducción de falsos recuerdos mediante hipnosis e incluso forzando la dependencia del cliente respecto al terapeuta con el único objetivo del lucro sin restricciones temporales.
Te confirmo que estas malas artes indican que la mayoría de estos terapeutas no tienen ni idea de Psicología, y mucho menos de Psicología Clínica. Y desgraciadamente, a menudo constituyen actos deliberados que se llevan a cabo evadiendo la ley y con el único afán del lucro.
Actualmente, el número de terapias alternativas es prácticamente infinito debido a la ignorancia de la sociedad, la impunidad y el vacio legal, así como su aceptación social por parte de personas que se encuentran en una situación de desesperación por sus problemas. Y cada vez crece más, dado el contexto competitivo por conseguir dinero en una época en la que la actividad económica escasea. Por mencionar algunas: reiki, flores de bach, reprocesamiento por movimientos oculares EMDR, homeopatía, biodanza, bioenergética, bioneuroemoción, horóscopo, tarot... y a menudo también programación neurolingüística (PNL), hipnosis, terapia gestalt y coaching, especialmente cuando quien aplica estos métodos no es Psicólogo. Como quiera que es muy fácil inventar marcos terapéuticos fantásticos que no son contrastados empíricamente, cada vez son más las personas que entran en la rueda de la divagación acerca de terapias con las que probar suerte por cuanto podrían suponer un buen lucro.
A veces he comentado que en la actualidad existe un amplio abanico de terapias alternativas que en ocasiones de manera inapropiada se etiquetan como psicoterapias pero que en realidad son sólo pseudoterapias. En general (no siempre) se trata de métodos que carecen de rigor y fundamento empírico, que a menudo representan un riesgo para las personas que se ponen en manos de aquellos que las practican, puesto que muchos de los pseudoterapeutas que usan métodos no científicos son como mucho simples ingenuos que aplican a ciegas los procedimientos que otros les dictaron. Pero realmente la fundamentación de sus terapias no es otra que la invención de marcos conceptuales y paradigmas ficticios cuando no esperpénticos. Otras veces son simples y llanos estafadores sin escrúpulos que no poseen conocimiento alguno sobre ciencia, medicina o psicología. Y otros muchos, si acaso han leído algún libro al respecto y pretenden con una formación escasa y poco rigurosa ganarse la vida llevando a cabo prácticas del todo inmorales e ineficaces, y en ocasiones antiterapéuticas.
Algunos clientes, con suerte, pueden abandonar la terapia sin haber tenido ninguna mejoría. Pero lo malo es que en muchas ocasiones pueden experimentar un empeoramiento de sus síntomas por una mala praxis de quien el cliente presupone que es un profesional. Así, a menudo encuentro en consulta pacientes a los que este tipo de sujetos agravaron los síntomas que presentaban. Otras veces recomendaron al paciente que hicieran lo mismo que ellos hicieron cuando supuestamente padecieron un problema parecido. A veces incluso aplicaron la inducción de falsos recuerdos mediante hipnosis e incluso forzando la dependencia del cliente respecto al terapeuta con el único objetivo del lucro sin restricciones temporales.
Te confirmo que estas malas artes indican que la mayoría de estos terapeutas no tienen ni idea de Psicología, y mucho menos de Psicología Clínica. Y desgraciadamente, a menudo constituyen actos deliberados que se llevan a cabo evadiendo la ley y con el único afán del lucro.
Actualmente, el número de terapias alternativas es prácticamente infinito debido a la ignorancia de la sociedad, la impunidad y el vacio legal, así como su aceptación social por parte de personas que se encuentran en una situación de desesperación por sus problemas. Y cada vez crece más, dado el contexto competitivo por conseguir dinero en una época en la que la actividad económica escasea. Por mencionar algunas: reiki, flores de bach, reprocesamiento por movimientos oculares EMDR, homeopatía, biodanza, bioenergética, bioneuroemoción, horóscopo, tarot... y a menudo también programación neurolingüística (PNL), hipnosis, terapia gestalt y coaching, especialmente cuando quien aplica estos métodos no es Psicólogo. Como quiera que es muy fácil inventar marcos terapéuticos fantásticos que no son contrastados empíricamente, cada vez son más las personas que entran en la rueda de la divagación acerca de terapias con las que probar suerte por cuanto podrían suponer un buen lucro.
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Acupuntura,
Constelaciones familiares,
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